Docencia y Comunicación

Docencia y comunicación

Artículo escrito por María Teresa Gómez Hernández

Todos los docentes somos comunicadores desde el mismo momento en el que comenzamos a transmitir un conocimiento o una experiencia. En este artículo vamos a determinar la importancia de la comunicación en la docencia, y el objetivo es llegar a la conclusión que un docente es un gran comunicador.

Índice de contenidos

Definición de docente y comunicador

Partiremos de las dos definiciones de docente y comunicador que vienen recogidas en el diccionario de la RAE.

Si consultamos en la RAE la definición de docente, vemos que se define como “el que enseña”. Y si buscamos la definición de comunicador es “el que comunica o sirve para comunicar”. Observando estas definiciones, ¿qué hay en común entre estas dos figuras?

En un principio, según estas dos definiciones, ambas figuras no tienen nada en común. El docente se dedicará a instruir, o adoctrinar con reglas o preceptos. El comunicador se dedicará a hacer a otro partícipe de algo.

Pues sí, tienen mucho en común. Desde el primer segundo de una clase, ponencia o discurso, un docente es un comunicador, mejor o peor, pero lo es. Todos los docentes al instruir, lo que hacemos es lanzar un mensaje a un receptor o grupo de receptores, usando uno de los canales de los que disponemos: aire, tecnología- Internet, o el papel; y en todas nuestras sesiones hay un mensaje, al que hemos codificado utilizando algún tipo de lenguaje, por lo tanto, sí que estamos haciendo participes a nuestros receptores de algo.

La misión de un docente para llegar a ser un buen comunicador, ¿cuál sería? Es una misión imposible para la mayoría de nosotros porque es importante transmitir conocimientos y experiencias, pero también es muy importante transmitir la pasión por el trabajo.

María Teresa Gómez Hernández
María Teresa Gómez Hernández, docente.

¿Qué deberemos tener en cuenta al comunicar?

Muy importante, a nuestros receptores. Tenemos que conocer quién va a recibir la información o mensaje, porque de alguna manera a la hora de transmitir debemos empatizar con el receptor. Pienso que, si no empatizamos, no vamos a llegar a ellos. 

Un ejemplo: un grupo de receptores mayores de 50 años que están recibiendo un curso para reciclarse en ofimática. Deberíamos de tener en cuenta que probablemente un alto porcentaje de estas personas no estén familiarizados con las nuevas versiones de los programas o aplicaciones, o que alguna de ellas no hayan practicado nunca con ello, o que ya tienen una edad que no les permite avanzar rápidamente en el aprendizaje. Eso es a lo que me refiero con empatizar con el receptor en la comunicación, ponernos en la piel de cada uno de ellos y saber qué van a experimentar estas personas durante la formación.

¿Y por qué empatizar? Porque en cierta forma trataremos de encontrar un equilibrio entre todas las necesidades de nuestros alumnos y así adaptar los conocimientos y actividades, y lo importante, la estrategia a seguir para transmitir esos conocimientos.

Hay sesiones de formación en las que los docentes nos dedicamos a vomitar, tal cual, información, pero ¿nos paramos a pensar si lo que estamos contando, lo estamos haciendo de forma adecuada para que ellos lo entiendan? Mi experiencia como alumna me dice que NO, que nos perdemos muchos de los elementos de la comunicación durante la transmisión de esa información. Nos dedicamos a contar, a narrar, pero no tenemos en cuenta los sentimientos en la transmisión. No es sólo hablar, hablar y hablar, con ello no ayudamos a la formación, porque hay que fomentar el interés de los receptores por esa materia.

Me pongo en la piel de un docente en el ámbito de los Certificados de Profesionalidad. Un docente no puede informar cómo mover a un anciano asistido, o cómo motivar a un grupo de adolescentes con problemas de exclusión, o cómo redactar un correo electrónico comercial a un administrativo sin contar experiencias, sin mostrar la pasión por el trabajo, sin poner énfasis en lo que no es TEORÍA. Eso se logra empatizando con el alumnado. Y eso es lo que hace un buen comunicador, empatizar con su público. El hecho de transmitir sólo información se puede suplir con un manual, o con consultas en Internet. Los sentimientos que el docente puede transmitir en una sesión no se pueden obtener en una búsqueda en Internet.

La importancia del código en la comunicación

Es importante también en la comunicación con nuestros receptores el código a través del que se transmite la información. La mayoría de los docentes nos enfrentamos a nuestro público de forma presencial, vemos a nuestros oyentes y es fácil adaptar el código a quienes tenemos enfrente, pero ¿qué pasa cuando los contenidos se transmiten en un chat, o en un correo electrónico, o en un vídeo? 

En este caso no tenemos frente a nosotros, de forma presencial a los receptores. Podemos pensar que es imposible empatizar con ellos. Creo que NO, también en ese caso nos tenemos que poner en la piel de ellos para adaptar el mensaje, teniendo en cuenta además que es el uso de las palabras, signos de puntuación, etc. lo que nos van a ayudar en este cometido. A veces se crea un mensaje impersonal que no es de fácil entendimiento. 

El uso de las palabras de forma adecuada, usando los justos tecnicismos posibles; añadiendo explicaciones a las partes del diálogo que pensemos que no estén lo suficientemente claras; o utilizar ejemplos que suplan esa falta de contacto presencial, siempre sopesando la falta de contacto visual y el efecto feed-back para que la comunicación sea efectiva.

Otros elementos de la comunicación: el mensaje y el entorno

Más elementos a tener en cuenta por el docente a la hora de comunicarse con su público: el mensaje.

Los conocimientos deben estar actualizados y relacionados con lo que nuestros receptores esperan aprender y con lo que la legislación nos obliga a transmitir. Los conceptos deberán ser claros, concisos y precisos, adaptados a las personas a quienes van dirigidos. Nos volvemos a encontrar con la empatía.

Cuando un docente trata de explicar cómo se realiza una nómina, por ejemplo, hay contenidos que vienen estipulados por una normativa como puede ser el cálculo de las bases de cotización, o el cálculo de las prestaciones por incapacidad, pero esos conceptos pueden sonar ilegibles para alguien que nunca ha tenido contacto con esta materia si seguimos al pie de la letra la definición que proporciona la Seguridad Social.

¿Qué tendremos que hacer los docentes? Buscar que esa definición, sin eliminar su carácter definitorio, sea asequible para nuestro alumnado, adaptando el mensaje al grupo al que va dirigido, porque el objetivo de ese mensaje es que su contenido sea comprendido y asimilado por los que lo están recibiendo. Habrá situaciones en las que esos mensajes tengan que utilizar una norma legal, en ese caso se deberá añadir comentarios que clarifiquen el contenido de dicha norma.

No debemos dejar de lado, que el objetivo es que ese mensaje sea comprendido por el alumno, no memorizado, porque cuando lo tenga que utilizar en su trayectoria laboral tendrá que buscar y comprender el porqué de ese concepto.

El concepto de un mensaje ha de ser claro, conciso, sencillo y adaptado al receptor para que sea totalmente comprensible.

María Teresa Gómez Hernández

El entorno en la transmisión del mensaje para un docente también tiene que tenerse en cuenta. Si la transmisión se hace en un aula, con un grupo reducido de alumnos, con las condiciones idóneas para ello, el docente y los alumnos estarán más predispuestos a que se dé una buena comunicación que, en el caso de ponencias en grandes salones, con ruido de fondo, con poca iluminación o ventilación.

Son los denominados ruidos en la comunicación que hacen que el mensaje no se reciba de la forma más adecuada. Por eso la importancia de que nuestros alumnos no utilicen sus móviles en las aulas, pero también es importante que el docente tampoco lo utilice. Una norma fundamental es que los teléfonos móviles no deberían de estar encendidos en las aulas. Es una gran distracción en la comunicación. El sonido de un móvil puede hacer que un gran mensaje, bien estructurado, con el código correcto, no se perciba al 100% por culpa de ese ruido comunicativo.

Aula de clase con móviles

Conclusiones finales para ser un buen comunicador

Como docentes ¿nos vemos cómo comunicadores? Es difícil responder a esta cuestión. ¿Entrenamos para ser buenos comunicadores? Es fácil realizar el entrenamiento. Sólo debemos pensar en aquellas situaciones en las que hemos sido alumnos.

Siempre hay sesiones en las que hemos pensado: “esto podría haberse hecho mejor de esta manera”, “esto no lo hubiera expresado así”, o “el enfoque que se está dando a este concepto no es el adecuado para este grupo de personas”. 

Seguro que todos tenemos en el recuerdo alguno de nuestros docentes que en su momento comunicaron excelentemente, y otros que lo hicieron no de forma adecuada. Tenemos ejemplos y espejos en los que reflejarnos para aprender a ser buenos comunicadores y abandonar el camino de la mala comunicación.

En todo docente hay un comunicador. El llegar a ser un gran comunicador es cuestión de entrenamiento en el aula. No nos olvidemos de estar atentos al feed- back en la comunicación con nuestro alumnado. Es un indicador de la calidad de la comunicación que estamos llevando a cabo. Si no estamos llevando a cabo una buena comunicación, aunque la información que estamos transmitiendo sea la correcta, el receptor nos va a informar de ello, haciendo preguntas en los mejores casos, o utilizando la comunicación no verbal en los peores casos.

Ejemplo: un fruncir de cejas, una mirada perdida, bostezos, hablar con la persona que está próxima, etc. Es lo más difícil para un docente, estar atento a ese feed back a base de señales de comunicación no verbal.

El feed back nos ayuda a medir el pulso de la buena o mala comunicación.

Como conclusión, los docentes debemos ser grandes comunicadores porque nuestro objetivo es que el alumnado comprenda y aprenda los contenidos que estamos transmitiendo, que se vean motivados a seguir formándose en esa materia, y en alimentar su afán de investigación para ampliar conocimientos, en definitiva, que todo aquello que transmitimos no quede en saco roto y lleguen a buen puerto.

 

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